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13 personas compartieron situaciones curiosas que vivieron y que necesitaron compartirlas con el mundo

Hay personas que viven situaciones tan inesperadas, surrealistas o curiosas que no pueden evitar compartirlas con el mundo, es el caso de estas 13 personas que os traemos hoy.

Hace unos meses, en el verano, fui a casa de una amiga que hizo una fiesta en su piso compartido. Me entró un apretón y como todos los baños estaban ocupados, no tuve más remedio que salir a su jardín y hacerlo al lado de lo que creía era la casita del perro. Me pillaron y vino mucha gente a oír las voces. No era la casita del perro, era la casita de madera de su hermana y yo me había cagado dentro.

Hace tiempo, mi pareja es aficionada a la cocina. Solemos invitar a unos amigos que son pareja a comer a casa frecuentemente, corriendo con todos los gastos de la comida y bebida nosotros. El otro día los invitados fuimos nosotros. Nos pasaron la cuenta de lo que habían gastado y la dividieron.

Hoy, me desperté a las 9 de la mañana, tras haber soñado con mi ex. Ya han pasado más de tres años de nuestra ruptura y a día de hoy sigo pensando en el. El otro día una amiga le preguntó si se acordaba de mí, y se ve que tuvieron que enseñarle una foto para que lo recordase.

Hace tiempo, que trabajo de portero en una comunidad de un barrio rico. Todos van de millonarios, lucen ropa costosa y grandes joyas, pero la realidad es distinta; en los cubos de basura veo que tiran comida con descuentos por pronta caducidad y cremas de supermercado, aparte de comprar ropa en grandes tiendas, usarlas sin arrancar las etiquetas y luego mandarme a devolver dichas prendas.

Hoy, mis padres me dijeron que fui un error, que les arruiné la vida, que jamás debería haber nacido y que se arrepentían de no haberme abortado. ¿El motivo? Me olvidé de sacar la basura.

Ayer, estaba conectado en una clase online esperando a que llegase el profesor para empezar. El problema es que alguno de los compañeros tenía el micrófono encendido y todos pudimos escuchar una auténtica orquesta de pedos y salpicaduras de agua, seguido del sonido de la cisterna. Nunca he pasado tanto asco.

La semana pasada, hablando con mi madre, que es muy liberal, salió el tema de conversación sobre los cepillos de dientes. Me dijo que tenía dos, uno solo para después de realizar sexo oral y el otro para el resto de ocasiones. Eso me puso en alerta y le dije que me lo enseñara porque me temía lo peor. En efecto, el que usa tras el sexo oral, es el que pensaba que era mío.

La semana pasada, estaba aburrido con una amigo en mi casa, cuando se nos ocurrió la genial idea de hacer llamadas anónimas a desconocidos en broma. La primera la hice yo y cuando contestaron, dije “Ya tengo el cadáver, ¿qué hago con él?”. La persona me respondió “¡Rápido! ¡Ve y lánzalo al río!”. Tengo miedo.

Hoy, al llegar a casa, mi padre no me ha escuchado y al entrar he visto que estaba en el ordenador, como siempre. Mi sorpresa ha sido cuando he visto en la pantalla que estaba en una tienda mirando vibradores, o eso me ha parecido observar de lejos, porque ha cerrado la ventana rápido. Yo he hecho como si nada pero solo espero no ver al cartero en los próximos días con un paquetito para él.

Hoy, y desde siempre hago de mimo en el metro. Hoy haciendo como que estaba tirando de una cuerda, a las personas que pasaban les ha gustado tanto que han hecho como que me tiraban una moneda.

Moscow, Russia – September 16, 2017: Portrait of male clown with flower at festival “Clownfest” in the park Sokolniki in Moscow

Ayer, recogimos las cenizas de mi abuelo. Mi abuela exclamó que ya tenía al abuelo en casa, a lo que mi primo de seis años dijo que cómo, que el abuelo estaba muerto. A mi tía no se le ocurrió mejor manera de explicárselo y hacérselo entender que decirle que habían quemado al abuelo como un pollo al horno, pero sin apagar el horno.

Hoy, me acabo de encontrar con una muchacha guapísima. Dispuesto a hablarle he estornudado justo delante de ella. Se me ha saltado la mascarilla y se ha quedado un moco colgando. He tenido que abortar la misión.

Ayer, salí a pasear con mi hijo de 5 años y pasamos frente a una pastelería con personajes de la época navideña, pero ninguno se acercó a saludar a mi hijo ni a darle caramelos. ¿El motivo? Al parecer si no llevas un teléfono en la mano para hacerle fotos no vale la pena saludar a un niño.