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Lucía Etxebarría hace el “ridículo” en ‘Ven a cenar conmigo’ y aprovecha para confesar el triste motivo que le obligó a participar en el programa

La escritora Lucía Etxebarría es una de las habituales en las polémicas de Twitter desde hace años, pero en la noche de ayer martes no fue trending topic por unas declaraciones más o menos desafortunadas, sino por su participación en el programa de Cuatro ‘Ven a cenar conmigo’ edición gourmet.

Lucía abrió las puertas de su domicilio y les preparó la cena –o lo que fuese aquello– a unos invitados de excepción, la flor y nata del famoseo patrio: Rappel, Ana Obregón y Víctor Janeiro. Pero sus seguidores en las redes sociales no entendían por qué una escritora de su nivel se rebajaba a participar en ese espectáculo. La explicación es bien sencilla: “por dinero”, como ella misma reconocía en su blog.

“Qué por qué lo hice, me preguntan. Por dinero. A ver si os enteráis de una vez que trabajar en medios está infra pagado, y que si eres autónomo tiene que pagar la cuota de autónomos cada mes. De mis colaboraciones en medios a mí no me quedan limpios ni 800 euros al mes, Y recordad que en agosto no trabajo. Podría meterme a pxxx, pero ni estoy lo suficientemente buena ni creo que se me diera bien: me iba a gastar todo lo que cobrase en psiquiatra”. 

Lucía también explicaba que su cena no resultó tan apetitosa como a ella le hubiese gustado por la presión de tener una cámara pegada a su cara mientras cocinaba: “¿Que por qué hice el ridículo? Primero porque para mí resulta imposible cocinar con una cámara pegada a la cara y con una persona dándote instrucciones a todas horas. Acabé tirándolo todo y haciendo un estropicio infame”. 

La escritora también habló de la encerrona que le supuso cocinar para un torero –ella es animalista–, pero cuenta que ambos llegaron a un pacto de no agresión durante la cena por el bien del programa.

“Me encuentro con que viene a cenar a casa un torero. De eso nadie me había avisado, por supuesto. ¿Qué podía hacer? ¿Decir que me iba? No, tenía un contrato. ¿Montar el pollo? No, porque me estaban grabando y no me grababan en directo, de forma que eso se podía editar a posteriori y dejarme como si estuviera loca. Hablé con él, que resultó ser un tipo muy sensato y llegamos a una entente cordiale, Ninguno de los dos se sobraría con el otro, y el tema de los toros quedaría fuera de la mesa, literalmente. Aun así, había mucha tensión”.