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Meritxell Martorell de ’21 días’ cubre el drama de los refugiados, y se enamora de uno que acaba en la cárcel

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La historia de Meritxell Martorell, la periodista que presenta en Cuatro el programa ’21 días’, tiene todos los tintes de una película con la que sufres en el cine, pero, a veces, la realidad supera a la ficción. En un texto de Vice, Meritxell ha narrado como se enamoró de un refugiado que conoció cuando mostraba, en febrero de este año, el drama que viven estas personas en el mediterráneo.

Entre todas las entrevistas que Meritxell realizó en Lesbos, la reportera conoció a un joven del kurdistán iraquí que le invitó a continuar el camino con él y con su familia hasta Atenas. La periodista aceptó el ofrecimiento, y fue en ese viaje, que se detuvo en Macedonia por el cierre de sus fronteras, cuando conoció a Harud, un atractivo joven que se ofreció a ayudarle a grabar un mejor plano con su cámara. 

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Harud le explicó a Meritxell que él, en su tierra, también era periodista, pero no estaba allí trabajando. El joven era un refugiado que huía de la guerra de su país. La conversación se alargó y se alargó, y se terminaron enamorando. Una gasolinera abandonada en Macedonia fue el testigo del inicio de su romance: “El frío se convierte ahora en una temperatura ideal, la gasolinera es el escenario de una novela romántica y pierdo totalmente la noción del espacio y el tiempo”.

Tras varios días durmiendo en la gasolinera, el autobús en el que viaja la periodista tiene que salir a toda prisa, sin poder despedirse de Harud: “No tengo ningún contacto, no sé nada de él, no le volveré a ver nunca más”. Pero la pareja se volvería a reencontrar días después en Idomeni, casi sin tiempo para abrazarse y volver a separarse entre lágrimas.

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Finalizado el reportaje con la familia que acompañaba, Meritxell y Harud intercambian los teléfonos y cuentas de Facebook, y prometen que mantendrán el contacto. Y vaya si lo hacen, manteniendo largas conversaciones en las que se cuentan su vida y acaban locamente enamorados. 

Y por fin, surge la oportunidad de verse. Harud le explica que acaba de llegar a Hannover y Meritxell, sin pensárselo dos veces, se compra un billete de avión y se planta en la ciudad alemana: “porque lo necesito, porque me apetece, lo voy a vivir sin cámaras ni reflexiones, sin entrevistas de por medio”. Después de unos días en Hannover, llega el momento de la triste despedida, pero los periodistas quieren seguir juntos, y la solución que encontraron fue irse en coche a Barcelona: “llegamos a mi ciudad, drogados de ilusión y de desconocimiento, imprudentes e insensatos como nunca”.

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Al llegar a la ciudad condal, Meritxell llama a su familia y les explica que acaba de cruzar la frontera con un refugiado sin papeles. La joven no escucha los consejos de su padre, y se va a Madrid con Harud para intentar arreglar su situación: “La situación se nos ha ido de las manos. No sólo por incumplir las normas, sino porque ni siquiera nos conocemos. No estamos enamorados, sólo que hemos maquillado de color rosa los momentos oscuros que nuestras mentes eran incapaces de aceptar”. 

Viendo que el problema se les escapaba de las manos, Harud decide regresar a Hannover para hacer las cosas de forma legal, pero con la mala suerte de que es detenido en la frontera y acaba en la cárcel. Meritxell no sabe nada del refugiado durante veinte días, hasta que Harud la llama para explicarle que está libre y que se encuentra en Ceret, una ciudad francesa de los Pirineos, y que ha conseguido que Francia le de asilo. 

La historia tiene un final feliz. Harud vive en Lyon, ha conseguido un empleo en Amnistía Internacional y está cumpliendo su sueño de trabajar en Europa como representante de Derechos Humanos.

La historia completa narrada por su protagonista, la periodista Meritxell Martorell, la puedes leer en Vice.